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Por Lucrecia Sabadotto
Travesía en movimiento

En tiempos de cuarentena, la utilización de dispositivos tecnológicos se ha visto incrementada. Las infancias no se encuentran ajenas a esta situación: clases a través de plataformas virtuales, video-llamadas con abuelos, tíes o primos, por nombrar algunos ejemplos, son parte de esta nueva cotidianeidad, permitiendo achicar las distancias que esta situación impone.

A pesar de estos beneficios, su empleo indiscriminado tiene consecuencias. Muchísimas investigaciones y especialistas advierten sobre la importancia de graduar los tiempos de exposición de les más pequeñes a las pantallas, pudiendo afectar numerosos aspectos del desarrollo, como la capacidad de atención y el rendimiento escolar en el futuro, entre muchas otras cosas.

Otro de los efectos más claros en el corto plazo corresponde a la visión. En lo que respecta al movimiento, mirar una pantalla implica “fijar” la vista en un cuadrante: la cabeza, la columna y la pelvis se organizan como estructuras de sostén, habilitando a los ojos procesar la información que reciben.

En el orden evolutivo, el primer paso para desarrollar la visión consiste en aprender a acompañar el movimiento de algún objeto o persona, primero con los ojos y luego con la cabeza. El bebé experimenta con gran entusiasmo y curiosidad esta habilidad involucrando todo su cuerpo. La pelvis le sirve de base, sostén y contra-equilibrio, mientras que la columna, reparte equitativamente el peso de la cabeza a través de todo el cuerpo, permitiéndole a los ojos desempeñarse de forma plena e independiente.

Durante toda la vida esta relación entre la visión y las estructuras de sostén se mantiene activa, funcionando como un sistema corporal de altísima complejidad. Por tanto, cualquier experiencia que implique mantener la visión fija durante muchas horas tendrá consecuencias en las estructuras mencionadas, en sus posibilidades de movimiento y en la relación del niñe con el espacio.

Conocer estas implicancias nos permite decidir, como adultes responsables, cual es el tiempo óptimo en el uso de las pantallas en este contexto de cuarentena, y cuáles pueden ser experiencias que procuren el descanso de la visión. Teniendo en cuenta que mover los ojos y generar propuestas que sugieran la apertura del espacio visual debería formar parte de la rutina diaria, en la medida de las posibilidades.

Antes de comenzar con las propuestas, es importante destacar que una de las formas menos nocivas de ofrecer un dispositivo es invitar a les niñes a estar sentades situándolo en línea con sus ojos. En cambio, cuando es el niñe quien sostiene la pantalla, debe flexionar su cabeza orientándola hacia adelante, ejerciendo mucha más presión sobre su columna.

Una primera propuesta: la contemplación

Observar el horizonte desde el balcón, recorrer la altura de un árbol a través de la ventana, acostarse a mirar el cielo y sus nubes, pueden ser experiencias muy interesantes para invitar a les más chiquites a expandir el campo visual. Jugar con globos o hacer burbujas prestando atención a sus trayectorias pueden ser otras buenas opciones. Mientras descubrimos estos paisajes, podemos incluir algunas sugerencias: elegir algún detalle que nos interese observar detenidamente: mirarlo con un ojo tapando el otro y viceversa, mirarlo de un costado y de otro, bajar y subir la cabeza sin mover los ojos. También podemos jugar al revés: intentar independizar los ojos de la cabeza, moverlos hacia los costados, hacia arriba y abajo intentando que la cabeza permanezca quieta. ¿Quién se anima?

Ampliando la percepción del espacio: la dimensión vertical

Otras experiencias significativas son aquellas en las que la visión se orienta hacia arriba, permitiendo al niñe explorar el espacio en forma vertical, ampliando su percepción.

Algunas primeras opciones:

-Jugar con una pelota y un aro colocado en altura: tratar de embocarla, usar una mano y luego la otra, las dos juntas, tapar un ojo y luego el otro.

– Colocar tubos de papel en la pared armando un “camino” para que pueda recorrer una pelotita o piedrita. El primer tubo debe colocarse a una altura que le permita al niñe elevarse estirando su brazo para embocar, invitándolo a ir “hacia arriba”.

-Enganchar tapitas de gaseosas en una cinta scotch gruesa colocada a una altura similar al punto anterior, entre dos sillas o cualquier elemento que le sea de soporte.

Una experiencia para destacar: TREPAR

Para todes les niñes, la altura es un tema de muchísimo interés. Luego de haber explorado las posibilidades anteriores, podemos propiciar escenarios donde esta acción sea protagonista. Cualquier escalera que tengamos en casa puede resultar útil para facilitar esta experiencia. Simplemente subir y bajar, colocarla sobre algún soporte o sobre una silla como variantes de su inclinación y dificultad son opciones válidas.

¡Ojalá puedan disfrutarlas!