Espacios que Sí.

En mundo creciente tenemos un lema, que forma parte de nuestra propuesta como concepto y abordaje: Espacios que sí.

¿Qué son los espacios que sí?

Cuando hay un bebé en casa, nos pasamos muchas horas diciendo: – ahí no, con eso no se juega, así no. Imaginen si es agotador para el adulte, lo agotador que debe ser para un bebé que quiere e intenta con toda su potencia vital, conocer el mundo. Por eso se hace imprescindible, tener una alternativa para ofrecer, algo que sí se pueda tocar, mirar, olfatear, arrojar, trepar, explorar.

La mayoría de nuestros hogares están organizados desde la mirada adulta. Es decir por ejemplo, lo que nosotros usamos como escritorio, para un niñe quizá es un tentador espacio que lo invita a trepar. Desde esta mirada, la mayoría de los ambientes de una casa son espacios que no.

Un espacio que sí, es una zona preparada, adecuada que ofrece más oportunidades de exploración en donde el bebé o niñe puede jugar, acompañado de la mirada de un adulte, pero tratando de minimizar la intervención del mismo. Son ellos quienes  deciden a qué, cómo y cuánto jugar.

¿Cómo armamos un espacio que sí?

Como adultes que acompañamos, sabemos cuales son las cosas y acciones que suelen elegir nuestros niñes: saltar, correr, trepar, gatear, explorar superficies, rodar, arrastrar, arrojar, trasvasar.

Partiendo de algunas de esas acciones, podemos elegir un espacio de nuestro hogar que sí permita y posibilite tales acciones.

¿Cómo lo ofrecemos?

El piso siempre es el espacio más seguro, pues es el que ofrece mayor sostén. ´

Por eso, es importante ofrecer una superficie de suelo amplia, que esté limpia y donde les adultes no circulen con zapatos para mayor seguridad e higiene. Asegurarnos  que no haya objetos a esa altura que puedan generar riesgo (enchufes, cables, piezas pequeñas, etc).

Una vez delimitado el espacio, ofrecemos materiales que den variables.

¿Qué materiales ofrecemos?

Así como ofrecemos un espacio de una manera específica, la selección de los materiales también es importante. Pensamos siempre antes de ofrecer, en la seguridad y las opciones que habilita.

Peso, tamaño, cuan manipulable resulta, cuantas opciones ofrece. El material más noble para el juego espontáneo es aquel que puede transformarse en lo que el niñe necesita. En ese sentido, almohadas, almohadones, telas, cajas, tubos de plástico,totoras, objetos de madera no pesados, son una buena elección.

Los almohadones, almohadas y cojines, dan variables de altura. También ofrecen la posibilidad de transformar ese primer espacio vacío a través de las construcciones ( casitas, refugios,)

Telas, pañuelos, sábanas nos pueden ofrecer contención, contacto, arrastres, juegos de ocultamiento, rodamientos. O bien, pueden aportar un cambio o transformación corporal, siendo utilizados como accesorios (capas, turbantes, etc).

Pueden ofrecerse dentro del espacio o estar disponibles por si el niñe es convocado a jugar con ello.

¿ Cómo entramos y salimos del juego?

Los momentos previos y posteriores del juego en sí mismo, ordenan, anticipan y dan sostén, funcionando como rituales para entrar y salir del juego. Encontremos dentro de cada familia, nuestras normas, reglas y maneras de abrir y cerrar el juego. Canciones y cuentos siempre son una buena alternativa. Para los más grandes, puede incorporarse algún material de soporte gráfico como ceritas o lápices.

¡Propiciemos la actividad autónoma acompañada y que sean ellos los que elijan qué poner en juego!