En el marco de la Semana de la Lactancia, compartimos un extracto del libro Dar la teta de Violeta Vázquez donde invita a repensar las temáticas de lactancia y salud para poder generar un cambio en el paradigma de la maternidad.

Hay que ponerle el cuerpo

Leche humana: ¿lo mejor?

Al decir “leche” y aunque sea “leche materna”, los adultos estamos acostumbrados a relacionar y pensar que todas las leches son más o menos lo mismo. La leche humana, la leche de vaca, la leche de soja, la leche de coco. Y, sin embargo, nada tiene que ver una sustancia con la otra ni pueden reemplazarse entre sí. La leche humana es un tejido vivo, y los especialistas cada vez encontramos menos motivos sensatos para compararla con la leche de fórmula o con la leche de vaca. La leche humana es la sustancia que eligió la naturaleza para nutrir óptimamente a la cría humana, que en nada se parece al ternero. Al tener la información inmunitaria de la madre a través de su leche, el recién nacido cuenta con todos los anticuerpos que su madre desarrolló a lo largo de su vida. La leche materna es responsable de las respuestas inmunológicas y antiinfecciosas mediadas por células. Estas células no son destruidas en el tracto gastrointestinal del bebé y conservan toda su capacidad fagocítica. Por lo tanto, en el bebé recién nacido son las células y las inmunoglobulinas maternas las responsables de protegerlo de la sobreestimulación antigénica. La leche humana contiene proteínas, azúcares, grasas, minerales, vitaminas, hormonas y enzimas, se encuentran en la concentración ideal para el óptimo crecimiento del bebé y en la exacta proporción entre los componentes (otras leches, al tener mayor concentración de algunos nutrientes, generan una sobrecarga renal y cardíaca en el bebé).

Además, existen en la leche materna elementos esenciales que el bebé aún no está capacitado para sintetizar y que no recibiría de otra fuente (taurina, ácidos grasos, hormonas, enzimas). Y, por supuesto, no existen en las otras leches los componentes inmunitarios y las propiedades específicas de sus proteínas, esenciales para nuestra especie.

Hace varios años se estudia el efecto de la flora intestinal del ser humano. Se ha comprobado que la leche no es un fluido estéril, como hemos dicho. Contiene factores vivos pro-vida. Se trata de la microbiota. Colonizan el intestino del bebé con todas las mayores herramientas de supervivencia que él pueda tener. Se considera al intestino como el segundo gran cerebro que tenemos, lo cual marca su perfil inmunológico de por vida, sobre todo si la leche materna (calostro) es la primera sustancia ingerida. La microbiótica de la leche humana forma una barrera microbiológica primaria importante para prevenir infecciones. Además del efecto inmunomodulador, tiene consecuencias antiinflamatorias.

Durante todo el primer año de vida, la leche materna es el alimento principal para el niño, incluso luego de comenzar a ingerir alimentos sólidos. Darle jugos, aguas, papillas y semisólidos antes de tiempo no hace más que generar la pérdida de calidad nutritiva y calorías en la alimentación de los niños, porque estaríamos desplazando a la leche materna, que el primer año de vida es muy superior que cualquier otro alimento (incluidas leches y papillas).

La leche de mamá siempre está disponible, no se acaba y el bebé se puede calmar en el acto.

Los beneficios de la lactancia son innumerables, incluso para la familia, para la sociedad, para la economía mundial. En salud, comodidad y vínculo. Los beneficios del amamantamiento para la salud se extienden a las madres, por supuesto. Sin embargo, “defender” la lactancia materna ante otras leches es absurdo, ya que la leche de fórmula es un remedio que puede ser indicado por el médico como cualquier droga en tanto la leche materna es un fin en sí mismo.

En una misma toma la composición de la leche va a cambiando, de hecho la composición de la leche nunca es igual. Cambia a lo largo del día, cambia de un pecho al otro y también a lo largo de la mamada. Siempre se está reajustando a las necesidades del niño, las cuales también van cambiando. A lo largo de la mamada, el tenor graso de la leche va aumentando, por eso es tan importante dejar al niño mamar de un pecho todo lo que desee. No es que haya dos tipos de leches “más aguada” y luego “más grasosa”. Siempre es leche. Incluso el calostro. Pero varía la composición. Cuando se reduce el volumen, aumenta el tenor graso. El total de leche consumida diariamente, no la leche final, determina el aumento de peso del bebé. Dependerá de la duración y frecuencia de las mamadas. Hay bebés que hacen mayor cantidad de mamadas que otros, pero más cortas, el consumo total de grasa al día en realidad no varía. Entonces, la leche inicial no siempre es baja en grasa, si un bebé se amamanta con mucha frecuencia, cada toma será más abundante en tenor graso. Si ha pasado mayor intervalo, aumenta el volumen de la leche, y la toma comienza con menor tenor graso.

La leche de fórmula debe estar indicada por un profesional, como todos los medicamentos. Y se debe aplicar en los casos estrictamente necesarios (claro que los hay, pero son el menor porcentaje). Fundamentos de esta aseveración están disponibles en la web de la OMS.